The Waterboys han transformado este jueves el Roig Arena de València en su idea de pub perfecto, un espacio repleto de folk irlandés, épica celta, fusión country y rock clásico, con la dosis justa de nostalgia y una clara invitación al baile ante más de 4.000 personas.
Durante casi tres horas, la banda que lidera el incombustible Mike Scott, de 67 años, ha ofrecido un concierto centrado en la revisión de su mítico álbum ‘Fisherman’s blues’, que ha vuelto a ampliarse con abundante material inédito y se ha convertido en el eje de esta gira.
Único concierto en España este año
València se ha consolidado de nuevo como plaza talismán para The Waterboys. La ciudad forma parte de sus paradas habituales en España y, en esta ocasión, ha acogido el único concierto que la banda tiene previsto en el país este año.
Para esta cita especial, Scott ha contado con el cantautor, escritor y activista político estadounidense Steve Earle. El músico invitado se ha integrado durante buena parte del recital como un ‘waterboy’ más, aportando una marcada pátina country y folk al sonido del grupo, una mezcla que encaja plenamente con los gustos de Scott.
El público conocía bien la propuesta: un viaje musical que ha arrancado en los primeros años 80, con temas como ‘A girl called Johnny’, y ha pasado por su etapa más épica con piezas como ‘The whole of the Moon’, ‘Don’t bang the drum’ y ‘The Pan Within’, esta última todo un himno ‘remember’ muy ligado a València.
El recorrido ha avanzado hacia los años 90 con canciones como ‘Glastonbury song’ antes de adentrarse en el núcleo del concierto: un largo trayecto sonoro hacia la Irlanda ancestral y popular de ‘Fisherman’s blues’, impregnada de naturaleza, tradiciones celtas y un ambiente de celebración colectiva.
‘Fisherman’s blues’, una maleta inagotable de canciones
El disco ‘Fisherman’s blues’ nació en 1988 como un álbum aplaudido por la crítica y el público. Con el paso del tiempo se ha revelado como una auténtica maleta sin fondo, resultado de cuatro años de estancia de Scott y su banda en Irlanda.
De aquellas sesiones emergen cientos de canciones inéditas, versiones variadas, tomas alternativas y una potente sensación de explosión creativa. Ese archivo ha ido saliendo a la luz poco a poco en los últimos años.
La entrega más reciente de ese legado se ha concentrado en un triple disco titulado ‘Atlantic rain’, recién publicado. De él ha sonado en València ‘Come back to Galway’, que ha desplegado toda la épica celta del grupo apoyada en el violín de Steve Wickham, mano derecha de Scott.
La actuación ha respetado el espíritu de ‘Fisherman’s blues’ y su continuación inmediata, ‘Room to roam’. Así, la banda ha recuperado temas como ‘We will not be lovers’ y ‘Strange boat’, además de su versión del ‘Sweet thing’ de Van Morrison.
También han sonado ‘When will we be married?’, ‘How long will I love you’, ‘The Raggle Taggle Gypsy’ y ‘The stolen child’, piezas que refuerzan ese universo de tradiciones, paisajes, leyendas, experiencias vitales, divinidades paganas y fiesta compartida que caracteriza al grupo en directo.
Los momentos de mayor catarsis colectiva han llegado con ‘And a band on the ear’ y, sobre todo, con ‘Fisherman’s blues’. En esos pasajes, la conexión entre escenario y grada ha derivado en una comunión festiva prolongada, en la que el imaginario celta, el mundo marítimo y rural, y las historias de amores y desamores han convertido el Roig Arena en algo muy parecido al pueblo de Innisfree que John Ford inmortalizó en ‘El hombre tranquilo’.
Steve Earle, invitado de lujo en clave country
Steve Earle ha asumido su papel de invitado de lujo defendiendo con orgullo su legado country y folk norteamericano. En medio del concierto ha interpretado alrededor de media docena de canciones propias, aportando una textura distinta sin romper la cohesión del espectáculo.
Sin embargo, el público esperaba especialmente a Mike Scott como maestro de ceremonias rock. El escocés ha aparecido fiel a su sempiterno sombrero vaquero, combinando poses de estrella del glam con momentos de intimismo acústico al piano y pasajes de virtuosismo a la guitarra.
Este concierto ha reafirmado la vigencia escénica de Scott, apasionado de la poesía de Yeats, melómano declarado, crítico con Donald Trump y trovador muy activo en redes sociales. Según algunos asistentes, incluso se le habría visto corriendo por los Jardines del Turia horas antes del recital.
A la vista de lo ocurrido en el Roig Arena, a Mike Scott le queda todavía mucho rock por componer, tocar y compartir. Y todo apunta a que seguirá buceando en esa maleta inagotable de cintas grabadas durante su etapa irlandesa, de la que ha salido ese ‘blues del pescador’ que no quería techos que le oprimieran, solo navegar bajo un cielo estrellado junto a su público.


